Llego el día, el día esperado por los inocentes, aquellos los que nunca esperan, quienes jamás abundan la agonía, sin embargo según su destino, parten de prisa, presienten el descanso de lo más profundo de su regreso, el posible reencuentro.
Soy oyente de los cerros y el paisaje en mi camino, volví solo a escucharte, en los cerros dibujaba mi desvelo, las nubes compartían mi llegada inocente , los desiertos simulaban nuestro descanso indolente, mientras serenos corrían mis pensamientos, pensamientos descalzos.
Miro los olivos nublados de sueños , los que vivía contigo.
Los que nos esperan, Papá.

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